A nivel mundial hemos observado diferentes escenarios donde poco a poco se han desarrollado políticas que promueven la inclusión de las mujeres en lo laboral, económico, político y social, este tipo de acciones tienen efectos positivos, pues podemos ver que en pleno siglo XXI, la participación de la mujer ha dado grandes aportes tanto en investigación, desarrollo y ejecución de ideas altamente potenciales, que no solo representan un aumento gradual de inclusión, sino que también generan grandes beneficios para quienes integramos esta sociedad.

Un claro ejemplo es la empresa Siemens, quien en 2017 anunció la contratación de ingenieras mexicanas, donde a través de una Red Empresarial, promueve la inclusión laboral; otros ejemplos son el de Diana Vega de Bridgestone y, Laura Verduzco de General Electric, quienes a través de su trabajo en recurso humanos, han logrado generar estrategias para construir una cultura laboral dinámica, de desarrollo de conocimientos y habilidades, logro de proyectos, innovación y negociación dentro del sector al que pertenecen, logrando así,  incrementar la confianza y crecimiento profesional del capital humano en las organizaciones donde se encuentran.

En este sentido, saber que las brechas de género están disminuyendo genera un panorama alentador en el mundo empresarial, ya que permite integrar grupos de trabajo fuertes y con la capacidad de desarrollar ideas y oportunidades de mercado frente a las necesidades de un mundo en constante movimiento, pues el hecho de no hacerlo implicaría una pérdida media de ingresos directamente impactados al crecimiento económico a nivel mundial.

38 % del Capital Humano son mujeres.

No obstante, de acuerdo con recientes estudios realizados por el Banco Mundial, tan solo el 38 % del Capital Humano, está integrado por mujeres y, en México, específicamente en el sector industrial y de servicios de alta demanda y especialidad, la brecha se encuentra en el 46 %, considerando que este sector se cuenta con amplitud de sindicatos que participan en la toma de decisiones y negociaciones entre industrias, donde la participación de la mujer a penas alcanza una cuarta parte.

Con estos datos, podemos concluir que aún existe un área de oportunidad enorme e imprescindible para que los líderes de los sectores públicos y privados comiencen a crear condiciones de equidad entre los integrantes de la fuerza laboral, erradicando prejuicios y paradigmas erróneos.

Pero, ¿en qué se deben enfocar los líderes para crear dichas condiciones?

Primero que nada, es importante entender que cada integrante de una organización, independientemente de si es mujer u hombre, tiene talentos y capacidades distintas que, conjugadas con un trabajo en equipo, consolidan el cumplimiento de metas y objetivos organizacionales.

Y, por último, una vez descubierto el talento, hay que potencializarlo mediante capacitaciones constantes, planes de desarrollo de carrera, así como esquemas salariales atractivos y excelentes programas de prestaciones, no olvidando, que las condiciones deben ser igualitarias y que fomenten la inclusión y participación de todos, creando ambientes productivos y que rompan poco a poco una de las barreras de crecimiento económico que nos afecta hoy en día.

 

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Ana Isabel Salazar Miranda

Líder de Desarrollo Organizacional y proyectos

Licenciada en administración y consultora en el modelo de gestión por competencias de Capital Humano, cuenta con experiencia en el desarrollo de proyectos enfocados al Desarrollo Organizacional, estructura corporativa y procesos administrativos de empresas del sector industrial, de servicios logísticos y retail.

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